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Therians: una especie aparte.

  • Foto del escritor: Enrique Lopez
    Enrique Lopez
  • hace 4 días
  • 5 Min. de lectura

El fenómeno de los therians puede parecer raro a primera vista, pero en realidad es una pista interesante de lo que está pasando con muchas personas hoy: cómo se sienten, cómo buscan pertenecer y cómo intentan encontrar sentido en un mundo súper conectado pero, a veces, vacío.


Un therian es alguien que dice sentir una conexión muy fuerte con un animal, como si parte de su identidad fuera “de esa especie”. No significa que crean que su cuerpo se convierte en animal de verdad. Más bien, lo viven como una forma interna de ser: emociones, instintos, maneras de moverse, o una sensación de “esto me describe mejor”. En redes sociales, esa identidad se muestra con videos, movimientos, máscaras, colas, guantes, orejas, y también con historias personales sobre cuándo se dieron cuenta o cómo lo viven.


Para entender por qué esto se vuelve tendencia, sirve mirar una idea sencilla: las redes no solo sirven para entretener, también son lugares donde la gente intenta responder preguntas grandes como “¿quién soy?” y “¿dónde encajo?”. Y cuando la vida se siente pesada o confusa, muchas personas buscan algo que les dé un centro, algo que se sienta verdadero.


Aquí aparece una idea importante: el “quiebre ontológico”. Suena complicado, pero es simple. “Ontológico” tiene que ver con el ser, con lo que somos. Un quiebre ontológico es cuando lo que antes servía para decir “quién soy” ya no alcanza. Antes, muchas identidades se explicaban por cosas como la familia, la escuela, la religión, la comunidad, el trabajo, o tradiciones. Hoy, muchas de esas cosas ya no dan tanta seguridad o sentido. Entonces algunas personas sienten un vacío: todo cambia rápido, todo se ve en pantalla, todo se compara, y todo puede ser criticado o burlado. En ese contexto, aparecen nuevas formas de identidad que intentan llenar ese hueco.


En el caso de los therians, la idea de “volver a la naturaleza” aparece como una respuesta a ese vacío. Ojo: no siempre significa que se vuelvan activistas ecológicos, sino que la “naturaleza” se vuelve un símbolo de algo más básico y real. La naturaleza representa lo instintivo, lo simple, lo vivo, lo que no está actuando para quedar bien. Si el mundo digital se siente como un lugar de apariencias, el animal se vuelve un símbolo de autenticidad: “esto soy sin máscara social”. Curiosamente, esto pasa dentro de las mismas redes: usan TikTok o Instagram para hablar de volver a lo natural. Esa contradicción no es un error; es parte del momento que vivimos.


También ayuda pensar en motivaciones. Muchas personas se acercan a comunidades therians por razones distintas. Algunas lo hacen por curiosidad y juego, porque les gusta la estética o el movimiento. Otras lo hacen porque se sienten raras o fuera de lugar en su vida diaria, y encuentran en esta comunidad un espacio donde no son juzgadas. Algunas lo viven como algo muy profundo, casi como una verdad interna que por fin pueden nombrar. En todos los casos, la comunidad importa mucho: sentirse acompañado, entendido y validado.


Aquí entra algo que la CFA (Ciberinteligencia Filosófica Aplicada) observa: en internet, las comunidades crean símbolos y rituales para sostener su identidad. Los símbolos son cosas que significan más de lo que parecen. Por ejemplo, una máscara puede ser más que un accesorio: puede ser una forma de decir “este soy yo” y también una forma de protegerse del juicio. La cola o los guantes pueden funcionar como un “tótem”: un objeto que representa pertenencia, identidad y fuerza. Cuando alguien se pone esos objetos, no solo se viste; está entrando a un personaje o a una parte de sí mismo que siente real.

Además de símbolos, hay lenguaje propio. Muchas comunidades usan palabras específicas para explicar lo que viven, y eso crea un “nosotros”. También hay historias típicas, como la de “me di cuenta” o “desperté”. Esas narrativas ayudan a la gente a entenderse y a sentirse parte de algo.


Y también hay tabúes: cosas que no se deben decir porque duelen o porque amenazan la identidad. Afuera de la comunidad, el tabú más común es la burla: decir que es “cringe”, “ridículo”, o “pura moda”. Eso lastima porque no solo critican una estética, sino que están negando una forma de ser. Otro tabú externo es decir que es “enfermedad” sin escuchar qué significa para la persona. Dentro de la comunidad, un tabú suele ser justamente la palabra “moda”, porque si lo viven como algo verdadero, que alguien lo trate como tendencia pasajera se siente como una falta de respeto.


Entonces, ¿por qué se vuelve tendencia? Porque las redes hacen dos cosas muy bien: juntan a gente que se parece y convierten prácticas en rituales repetibles. Si alguien ve un video y siente “eso me pasa”, el algoritmo le muestra más. Luego aprende cómo se hace, qué palabras usar, qué objetos comprar o crear, cómo moverse. Y al repetirlo, la identidad se vuelve más fuerte. En internet, repetir no solo copia; también construye realidad social.


Pero lo más importante no es el video, ni el accesorio. Lo importante es lo que está expresando: un malestar cultural. Muchas personas hoy sienten presión, cansancio, ansiedad, comparación constante, y una sensación rara de que “todo es contenido” y nada es profundo. A eso se le puede llamar “nihilismo digital”: cuando todo parece vacío, cuando nada se siente realmente importante, o cuando todo se vive con ironía. Frente a eso, los therians aparecen como una forma de decir: “yo sí quiero sentir algo real”, “yo sí quiero pertenecer”, “yo sí quiero una identidad con raíz”.


Por eso se puede hablar de una visión transmoderna. Suena difícil, pero es simple: no es volver al pasado como antes, ni quedarse en el “nada importa” del posmodernismo. Es más bien intentar mezclar cosas: usar tecnología, pero buscar sentido; vivir en redes, pero recuperar cuerpo; estar en una sociedad moderna, pero volver a símbolos antiguos como la manada, el instinto, el animal. Es una mezcla rara, pero muy de esta época.

Visto así, los therians no son solo una moda extraña. Son una señal de que muchas personas están buscando nuevas formas de existir, de expresarse y de encontrar sentido. Algunas lo harán con estética animal, otras con espiritualidad, otras con comunidades de fans, otras con activismo.


El punto es el mismo: cuando la cultura se siente vacía, la gente inventa caminos para llenar de nuevo el mundo con significado. Y esa es la parte más clara de la “alerta temprana”: cuando ves que crecen estas identidades simbólicas, te está diciendo algo sobre la sociedad. Te está diciendo que hay una necesidad real de pertenencia, de autenticidad, de cuerpo, de comunidad y de sentido. En vez de burlarse o asustarse, conviene entenderlo: porque detrás de la máscara, casi siempre hay una pregunta humana muy básica intentando encontrar su respuesta.

 
 
 

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